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La gente que brilla

La gente que brilla

Tenía la certeza de que me tomaría por loco. Nunca me habían gustado los psiquiatras a quienes consideraba más alucinados que muchos de sus pacientes. Sin embargo, no me quedó más remedio que lanzarme. —Cuando era niño, mi madre venía a darme un beso al acostarme, y siempre me hablaba de la gente que brilla, sobre cómo hallarlos. Tengo cincuenta y siete años y sigo buscando. En las calles, cuando viajo en tren, en los restaurantes de Madrid, o en los congresos médicos. Pero nunca he encontrado uno de ellos. El doctor se reclinó hacia mí en su diván para confidencias: —No se da usted cuenta, pero tiene un brillo magnífico. Pedro de Andrés (Ultralas) Micro ganador de Gigantes de Liliput, tema ... »

Monólogo

Monólogo

Doce de la noche. Seis horas para el relevo. La sala principal está tranquila. Los ordenadores apagados. Los teléfonos en su sitio. Las mesas ordenadas. Una silla por cada plaza y en cada plaza. Las persianas, perfectamente desplegadas, impiden la visión del exterior… Sí, el edificio suena. Se nota mejor cuando los empleados imponen el silencio con su ausencia. Regresarán a las ocho. Hay muchas empresas a las que contactar, mucho género que vender… Bueno, ¡género!, módulos publicitarios más bien… Longinos emplea diez minutos de cada dos horas en comprobar que lo que siempre ha de ir bien no se haya torcido en esa zona. Es un vigilante veterano. No siempre coincide de guardia con Mucio, pero,... »

Último tango en París

Último tango en París

Desde el interior de la trinchera, Pierre oyó la orden del general: «¡Alfa-Tango, retirada!». «¿Falda Tango?». Esas palabras le transportaron de vuelta a Paris, a la danza con Amelie y su vestido ceñido a las caderas. Ella le robó el corazón. La bala, su vida. Helena Andrés Micro ganador de Gigantes de Liliput, tema “el tango” »

Milagros, los justos

Milagros, los justos

El embalsamador jefe, agotado, dejó caer el frasco de ungüento sobre la mesa de operaciones. «No puede ser, logré este puesto porque jamás he fallado en mi labor», masculló. En veinticinco años de carrera, solo había obtenido menciones y parabienes. Sin embargo, con el diácono habían fracasado todas sus técnicas, tanto las clásicas como las innovadas por él mismo. Una sospecha se hizo hueco en su frustración. Giró en la silla para encarar el ordenador. Una clave tras otra le impedían el acceso al registro de procedencia. Con el hedor del cuerpo en su pituitaria, llamó a Ramírez, el subsecretario. «¡Qué diácono ni qué narices! Lo que tienes sobre tu mesa es un concejal millonario». Pedro de A... »

Ilusiones

Ilusiones

Cuando Marcelo cerró la barbería debido a una larga enfermedad, me vi forzado a buscar peluquerías unisex impersonales; lugares hostiles y fríos donde buscaban una cámara oculta cuando les pedía el tupé a lo James Dean en la película Gigante. Por eso, el día que se curó y reabrió  el negocio, no solo recuperé la ilusión por mi tupé sino que volví a reencontrarme con sensaciones olvidadas, como  la  fragancia a madera vieja, el olor de los polvos de talco, la glicerina y  la loción de mentol y romero. Deseé sentir la textura de la espuma en mi cara de nuevo y el roce de la hoja de la navaja de afeitar, conducida por las hábiles manos de Marcelo. Me senté en el sofá de cuero a esperar mi turno... »

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