Cuestión de pelotas

Cuestión de pelotas

El oficial de policía Martínez, encargado de la sección de trámites del DNI, se atusó el escaso cabello de la nuca lleno de estupor. En treinta años de servicio nunca había tenido que lidiar con una situación tan embarazosa como la que aquella joven le presentaba.
—¿Y cuál dice que es su nombre? —preguntó otra vez.
—Úrsula, ya se lo he dicho un montón de veces, jefe —La chica del mentón de héroe del cómic pareció perder la paciencia.
—Me lo ha dicho un montón de veces porque yo se lo he preguntado un montón de veces —Martínez se puso serio— Y se lo preguntaré las veces que sean necesarias hasta resolver este… este… asunto. No me diga cómo tengo que hacer mi trabajo, por favor. Y no me llame jefe.
—Verá, agente. Todo sería más fácil si dejara de lado sus prejuicios de campesino del medioevo y me escuchara tan solo un momento. Úrsula —La joven golpeó varias veces con el índice en la casilla del formulario destinada al nombre— Úrsula es el nombre que quiero que figure en mi DNI.
—Pero es que da la casualidad —Martínez deletreó despacio e imitó el gesto de la chica para dar mayor énfasis— que en su partida de nacimiento dice que su nombre es Jorge ¿Pretende hacerme creer que no ve la diferencia?
—Claro que veo la diferencia, jefe. Lo que pasa es que no quiero que en mi DNI figure un nombre de varón. Soy una mujer, aunque mi cuerpo todavía no se haya dado cuenta.
—¡Ja! —El oficial reprimió una carcajada y cambió de cuajo la forma de dirigirse a la joven—¿Seguro que entre las piernas no te cuelga una… una…?
—¿Polla? —Atajó la tal Úrsula— Pues claro, pero eso es circunstancial. En cuanto cumpla la mayoría de edad me la corto.
—Vamos a ver, hijo, hija o lo que seas —Martínez miró a la larga cola que se estaba formando y exhaló un hondo suspiro— ¿Por qué no te vas a casa y tratas el tema con tus padres antes de complicarme la vida? Ya verás como lo solucionáis como es debido y sin que salga de la familia, así no se enterará todo el mundo.
—No ha entendido usted nada. ¿Sabe? Se parece usted a mi padre. A la mayoría de los padres, que no ven más allá de sus propias narices. Los mismos gestos, la misma forma conservadora de pensar, que si soy la vergüenza de la familia… ¿Y yo qué? ¿Es que nadie se pone en mi lugar por un momento? ¿A nadie le interesa saber cómo me siento? Son todos unos putos egoístas. Ustedes y la sucia sociedad que han creado. Creo que no quiero seguir perteneciendo a esta fauna deshumanizada y sin sentimientos. Haré lo que tenga que hacer y usted será el responsable.
—Calma, chico, calma —El policía vio que la situación se le estaba escapando de las manos. Verás, las normas son las normas. No me corresponde a mí interpretar si son o no son justas. Yo las acato, las hago cumplir y punto. Para elaborarlas ya están los de arriba. Y si me preguntas si piensan en nosotros cuando las hacen, te diré que no, que les importa una mierda cómo nos sintamos. Ellos están a su bola y nosotros sufrimos sus impredecibles estados de ánimo. Resumiendo: Si tienes nabo es lógico que lleves nombre de varón ¿No?
—¡Y dale! Mira —La joven hizo un último intento— si te portas bien y me haces el puto carnet, cuando me operé y estrene chichi, igual te dejo echar un polvo ¿Eh? ¿Qué dices a eso?
—¡Arggg! Asco me daría ¿Por quién me tomas?
—Por un pringao, jefe, como yo. Por muy farruco que te pongas ahora no notarías la diferencia. Además, con tu edad, seguro que llevas tiempo sin saborear, ya no digo un jugoso coño, sino, un mustio y reseco chumino.
—¡Maldita sea tu estampa! —Martínez estalló como una castaña en la lumbre— ¿No te he dicho que no me llames jefe? ¡Sal de mi vista y que no te vuelva a ver mientras viva!. ¡Qué pase el siguiente!
—Bu… buenos días —Se atrevió a decir una joven de la cola con un hilillo de voz apenas audible— Yo…
—¿Qué desea? —bramó el oficial toscamente con la voz todavía alterada.
—Que… quería cambiar mi nombre en el DNI. El tema es un po… poco delicado. Verá…

 Javier Reiriz Villar (ignacio)

Relato ganador de El Tintero Virtual, tema “Identidades”

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