El regalo

El regalo

Muchos años después, cuando el bosque de su vida se había vuelto gris, Martín aún recordaba  la primera vez que vio el traje en aquellos grandes almacenes de la capital. ¡Tan lejos de su economía  como el vértice del arco iris que abrazaba su pueblo después de las lluvias! ¡Pero tan cerca de su vista que bastaba extender la mano para tocarlo si no lo impidiera el grueso cristal! Blusa blanquísima, cuello de marinero, pantalón largo como los adultos, cruz de metal dorado y cordón de lino entreverado de hilos de oro. Un sueño para todo niño de Colleira que fuera a recibir su primera comunión. Por eso, porque, en el fondo, era un sueño, Martín se quedó sorprendido cuando oyó a su padre preguntar que si le gustaba. ¡Cómo no!, había exclamado el niño igual que lo hubiera hecho cualquier compañero de 10 años. Pues lo tendrás, palabra de padre. Martín no se atrevió a preguntar cómo.

Fueron pasando  los meses que lo separaban de la gran fiesta religiosa, y lo único que recordaba de entonces era una conversación anodina de su padre con alguien (¿el tío Serafín, quizá?), en la que aquel comentaba a su interlocutor: “todo perfecto”, “ni rastro”, “jugada de maestro” y cosas por el estilo; expresiones sin el menor interés para Martín. Salvo que habían sido el día del santo de la madre (por eso las recodaba), cuando –para celebrarlo-,  el padre había tirado la casa por la ventana. Por esos días se anunció la visita del tío Fidel, que deseaba saludar a la familia, a la que hacía tiempo que no veía. Todos se alegraron, empezando por Martín, sobre todo cuando el tío Fidel afirmó que le había comprado una buena sorpresa como regalo de comunión.  Los nervios se desataron en la familia, porque el tío Fidel era persona influyente en ciertas esferas, y era garante del empleo que había encontrado el padre.

El Audi-6 aparcó en la explanada del muelle. Pero de él no se apeó el tío Fidel, sino un hombre joven, alto y fuerte, de andares seguros, que con toda parsimonia abrió el maletero. Extrajo de él una caja de unos 60 por 40 centímetros, cerró con fuerza y se dirigió a la casa de Martín. Como la noticia había corrido más que el visitante, la familia al completo había salido a esperarlo. Sin embargo, a una seña del viajero, se metieron en la casa para evitar a los mirones.  Con un acento un tanto pedregoso, el hombre excusó educadamente al tío Fidel por razones inaplazables de trabajo, pero allí estaba él, y traía, según lo prometido, un gran regalo para Martín. Se volvió hacia el niño con una sonrisa: Pero no puedes abrirlo hasta que yo hable con tu padre y te pidamos que lo hagas; de otro modo, se romperá el encantamiento, concluyó, haciéndole una leve caricia en la mejilla.

Padre y visitante se encerraron en el salón  para charlar un rato. Y Martín, aunque la curiosidad lo quemaba por dentro, aguantó la tentación de abrir la caja y también la de practicar un agujero en la tapa para examinar su interior. En realidad, casi no hacía falta: el ruido de los objetos al desplazarse, el tamaño del bulto, el peso… todo hablaba de un traje, y Martín tenía la ilusión, incluso la certeza, de que fuera el prometido por su padre, aquel sueño que había visto en los grandes almacenes.

La breve conferencia entre los dos hombres concluyó y la madre vino a buscar a Martín que, con el alboroto de la impaciencia, casi tira la caja al suelo. Apenas entró en el salón, el visitante le dijo: Ahora ya puedes abrir tu regalo. Con prisa, arrancando lazos y rasgando papeles de seda, Martín abrió la caja  e, inmediatamente, gritó: ¡Pero si para la comunión el traje tiene que ser blanco! Entonces, aquel hombre sentenció muy tranquilo: Te equivocas; en tu caso conviene que sea  negro. Mientras hablaba, extrajo de su sobaquera una Glock 9 mm.  y mató al padre de un certero disparo en la frente. Dio media vuelta con todo aplomo, se montó en el Audi robado y desapareció tan silenciosamente como había venido. Ciertos capos de la droga esperaban sus noticias.

Vicente Donoso (Quater)

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3 comentarios

  1. Profile photo of Vichoff

    Vichoff - 19 enero, 2015, 8:58 pm ResponderReportar usuario

    Qué gozada leer a un gran escritor, Vicente.
    Magnífico relato, maestro.
    Un abrazo.

  2. Profile photo of Quater

    Quater - 19 enero, 2015, 9:19 pm ResponderReportar usuario

    Lo que me resulta emocionante, Fefa, es volver a encontrarnos en este espacio de tinta, nombres antiguos con nuevas ilusiones: Vichoff, Nucky, Carmen, Nanny, Frida, Atxia, Porta…
    Espero que en esta nueva etapa pueda aprender y disfrutar tanto como en la anterior. Un abrazo a todas las y los HELT.

  3. Profile photo of Ultralas

    Ultralas - 20 enero, 2015, 3:20 pm ResponderReportar usuario

    Recuerdo perfectamente este relato en el Tintero. Gracias por hacerlo retornar a nosotros. Un abrazo.

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