El sueño de Platón

El sueño de Platón

Durante un momento de ocio y de relajación, Platón se quedó profundamente dormido y su subconsciente viajó en sueños al futuro, quizá para mostrarle la influencia griega en los logros de la humanidad.

Fue así como, tras un corto viaje entre las nubes, fue a caer en el centro de una ciudad española y comenzó a caminar por sus calles.

Observó las formas poliédricas de los edificios: “Humm, fachadas rectangulares, cuadradas, triangulares, cubos, pirámides… a Euclides le hubiera gustado ver esto”.

Continuó paseando por las calles y observando su disposición: “Qué interesante, han adoptado nuestras ideas sobre cómo distribuir los edificios en las ciudades: calles rectas que convergen en plazas y largas avenidas”.

Vio un templo y entró en él, asistió a una misa y después curioseó por el interior del edificio; no sabía si era a causa del efecto del sueño o a un don de Palas Atenea, pero entendía perfectamente el idioma que hablaban los ciudadanos: “Ese hombre que decía ser sacerdote ha dicho en su discurso lo que enseñamos en la Academia acerca de la inmortalidad del alma y su anterior existencia antes de encarnarse. Y estas imágenes que me rodean parecen representar a varios dioses: éste dice llamarse Ignacio y es patrón de la Iglesia, éste dice llamarse Isidro y protege a los labradores, ésta otra diosa se llama Marina y protege a las enfermeras… ¡Qué curioso! No ha cambiado nada en tantos siglos, todo sigue igual. Lo que no sé es quién es ese que está colgado de una cruz: será algún tipo de Dios parecido a nuestro Zeus porque, por las veces que aparece repetido, eclipsa a los demás dioses. ¿Y esa diosa que lo acompaña? También se ven imágenes de ella por todas partes. Yo creo que pudiera ser la misma Hera con otro nombre”.

Salió del templo y se puso a conversar con un hombre que pedía limosna sentado junto a la puerta. Le pidió ojear el boletín de la parroquia que estaba leyendo y se fijó detenidamente en la impresión: “esta escritura usa letras semejantes a nuestro alfabeto, yo diría son una evolución del mismo”. Se interesó también por la forma de gobierno del país y el hombre le respondió que era una democracia. Platón alzó las manos al cielo: “esa forma de gobierno comenzó con nosotros”.

Platón continuó su recorrido muy satisfecho de la influencia griega en la humanidad del futuro cuando se dio de frente con un kiosco. En el escaparate observó dos ejemplares de la Ilíada y la Odisea entre algunos periódicos.
Platón enrojeció de la ira, gritando y haciendo aspavientos:

−¿Qué es lo que estoy viendo? ¿Las magníficas obras de Homero, que deberían de ser veneradas y estudiadas por los más sabios, cuyas gloriosas páginas deberían descansar en los estantes de las mejores bibliotecas, allí resguardadas y protegidas, en esta vulgar choza?

Se acercó para cogerlos entre sus manos.

−¿Precio de oferta un euro? Un valor ínfimo para unos versos de valor incalculable…
−Y aquí… entre estos… folletos que hablan de un deporte de pelota… que valen más que los propios libros… ¿Qué mierda es esto, quien me está gastando ésta terrible broma?

Y así despertó Platón sobresaltado entre sudores y preso de una fuerte taquicardia…
Se cruzó con un alumno que al ver su estado alterado le pregunto:

−¿Qué te ocurre, maestro?

Y Platón respondió:

−He visto el futuro y es deprimente.

José Rabanal (Altair)

Relato ganador de El Tintero Virtual, tema “El subconsciente”

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