El violinista

El violinista

Si hay una afición, una ilusión o una obsesión, es lo que Juan sentía desde niño cuando se acercaba a un violín. Y muy pronto empezó a estudiar música, mientras otros niños jugaban al futbol o al baloncesto o planeaban trastadas por las calles del barrio. Largas horas de clases en el colegio precedían a otras tantas de música por las tardes. Pero lo que se hace con gusto y dedicación no parece doler y hasta lo más duro se vuelve soportable. Hasta las burlas de los compañeros, que no entendían como podía haber alguien tan raro como para preferir seguir aprendiendo después de pasar el día entero estudiando. No sabía nada de videojuegos, ni lo que era un whats app o un twit. No sabía nada sobre El Canto del Loco, ni sobre Justin Bieber… Sólo escuchaba a Mozart, a Beethoven, a Bach y a tantos otros… Pero no le bastaba con escucharles: trataba de desentrañar sus secretos, profundizar en esos mágicos sonidos, dejarse llevar a mundos de vibraciones armónicas.

Si el cerebro era un pozo de conocimientos sin límite, su destreza era torpe e irregular. No dominaba sus nervios ni parecía coordinar sus movimientos, de manera que parecía que sus manos eran incapaces de seguir las órdenes procedentes del conjunto de sus neuronas.

Así pasaban los años  que vivía frustrado, perseverando a pesar de sus errores. Tantas horas, tantas privaciones, tantas horas de solfeo… Nunca sería un buen violinista.

Se acercaba la navidad y el concierto que daban los alumnos en el auditorio de la ciudad. Para calmar el estado de pánico que le causaba esta obligación ineludible, el profesor responsable de la organización del evento le prometió una sencilla y corta participación. Pero el profesor, mezquino y socarrón que odiaba a los mediocres, quiso hacerle quedar tan en ridículo que no volviera a acercarse más por el conservatorio y planeó que hiciera un solo ante el público.

Y llegó por fin el día. El profesor le había cambiado la partitura por una en la que se desarrollaba “La danza de los duendes” de Antonio Bazzini.

El auditorio se llenó hasta la bandera: muchos melómanos, acompañantes, padres de alumnos y otros que venían a reírse de Juan saboreando su fracaso.

Y así llegó el momento. Cuando de repente, sin esperarlo, Juan se vio solo ante el público, dentro de un silencio sepulcral. Miró la partitura y se quedó mortalmente pálido cuando vio lo que allí estaba escrito.

Apoyó su violín en el hombro temblando como un flan y con su arco empezó a acariciar las cuerdas de su instrumento.

Surgieron unos chirridos que más que música se asemejaban a los quejidos de un gato al que le estaban pisando el rabo.

Se oyeron risas de fondo, alguna exclamación irónica y se vieron gestos de desagrado…

Juan carraspeó, se limpió el sudor con el dorso de la mano y pidió disculpas.

Comenzó  de nuevo y esta vez sí. Con el Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si, combinó un hermoso poema lleno de estrofas y de cadencias que carecían de secretos para él. Corcheas, fusas, semifusas… bailaban entre las líneas del pentagrama entre acordes imposibles produciendo un sonido que parecía proceder más bien de ángeles que de seres humanos. Hizo de la clave de sol un astro radiante, ardiente, cegador…

Y ritmo, vértigo… Se crecía en el escenario, se hacía grande, tocaba el cielo… Miraba por encima de las nubes y el público se quedaba pequeño, lejano, como hormigas o menos aún. Se sentía un auténtico dios.

Y el tiempo se detuvo súbitamente cuando dejó de tocar.  Hubo un largo silencio entre miradas de perplejidad. Y por fin el público se levantó al unísono prorrumpiendo en un estruendoso aplauso que resonaría dentro de su cabeza como un eco lejano del nacimiento de su propio universo interior.

Pero él sonreía, mirando hacia el techo. Estaba lejos, muy lejos de allí. Entre los brazos de Euterpe, haciendo el amor por primera vez.

José Rabanal (Altair)

Relato ganador de El Tintero Virtual, tema “Incapacidades”

Entradas relacionadas

Tú no sabes lo que es

Tú no sabes lo que es

Otra Margarita

Otra Margarita

Monólogo

Monólogo

Ilusiones

Ilusiones

Publicar un comentario

Tu email no será publicado. Campos obligatorios

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>