En El Retiro

En El Retiro

Ya me había alejado de toda actividad laboral. Me dedicaba a pasear y a leer el periódico plácidamente al sol. Vivía tranquilo, disfrutando, como siempre había hecho, de la naturaleza, pero ahora jubilado y achacoso. No contaba con que sería, precisamente, leyendo una noticia, como mi paz se vería alterada para los siguientes meses, o quizás años.

El Ayuntamiento anunciaba que iban a comenzar los trabajos de vaciado del Estanque Grande del Parque del Retiro para proceder a la reparación de una grieta por la que se fugaban diariamente cinco mil litros de agua.

Controlar esos trabajos se convirtió en mi principal ocupación. Cada mañana acudía al Retiro y observaba. Busqué una ubicación estratégica, un poco alejada y elevada. La escalinata que preside Alfonso XII era el sitio perfecto; dos viejos mirando una obra no llamarían la atención. Primero trasladaron a las distintas especies acuáticas: patos, galápagos,  cangrejos, y miles de peces entre carpas, percas y peces gato. La legendaria Margarita ya no estaba entre ellos. Instalaron las bombas y demás maquinaria. Así pasaron las primeras semanas y mi preocupación iba en aumento. Tantos metros cúbicos no se vacían de la noche a la mañana, y poco a poco empezaron a asomar los primeros tesoros que bajo esas aguas verdes habían permanecido ocultos durante décadas. Al principio llevaba la cuenta de lo que sacaban, pero cuando iba por 192 sillas, 40 barcas, 41 mesas, 20 papeleras, 9 bancos de madera, 3 contenedores, 19 vallas del Ayuntamiento, una máquina de chicles, varios carros de la compra, numerosos monopatines, una caja fuerte y una carretilla, dejé de contar.

Marcelino y yo fuimos, durante treinta años, Agentes de Parque en el Retiro, o sea, guardas. Hacíamos el turno de noche, cada uno con su ruta, aunque teníamos acordados puntos de encuentro para charlar y echar unos pitillos. Desde que cerrábamos las puertas al público hasta que las abríamos, allí casi nunca pasaba nada, algún yonqui despistado de vez en cuando, por lo demás, tranquilidad absoluta. Fue la noche en que el Atleti bajó a segunda, cuando sucedió todo. Reconozco que yo estaba de muy mal humor y no me apetecía aguantar las chorradas de Marcelino, un pinchaúvas profesional y un cabronazo. Llevaba toda la noche cachondeándose de mí, y fue a la una de la mañana, a los pies de la estatua del Ángel Caído cuando le dio por ponerse chistoso. «Ese que están en la cola del mercado y dice: ¿El último por favor? El Atleti».

Se partía de risa él solo. Me enfadé y discutimos. Le empujé, con tan mala suerte que tropezó con una valla baja y cayó mal. Se desnucó literalmente contra el empedrado. Traté de hacerle volver en sí, pero no hubo forma. Oí un ruido, apunté con mi linterna hacia arriba y allí estaba el mismísimo Lucifer, testigo de lo que acababa de ocurrir. Me entró pánico, pero tenía toda la noche por delante para serenarme y pensar en qué hacer. Cogí una carretilla y cuerda de los jardineros, cargué el cuerpo hasta el embarcadero del estanque, até unas piedras a los pies y brazos, lo subí en una barca y remé hasta un extremo.  Allí lo tiré, o mejor dicho, se me cayó, con carretilla y todo. Enseguida me di cuenta de que aquello había sido una chapuza, pero ya no podía hacer nada, así que me encomendé a Margarita, una carpa de doce kilos y un metro de largo.

Marcelino no aparecía ni vivo ni muerto. Nadie conocía el parque mejor que yo y colaboré en las labores de búsqueda, para despistar más que nada. Los buzos suspendieron sus inmersiones. No me extraña, con lo que había allí abajo no podrían ni moverse, y el alcalde no se iba a gastar ni un euro en limpiar el estanque. Tampoco podían cerrar el parque con la Feria del Libro a la vuelta de la esquina. Como su mujer aportó motivos fundados para pensar que Marcelino habría ido a comprar tabaco y nunca volvería, ya no lo buscaron más, al menos, dentro del parque.

—Hasta que por una inoportuna grieta se descubrió el pastel.

—Exacto. ¿Y a ti por qué te han trincado?

Laura Aparici (Anita Cooperman)

Relato ganador de El Tintero Virtual, tema “Muerte de un funcionario”

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