Hoy, precisamente hoy

Hoy, precisamente hoy

No todos los días se sienta una en el sofá durante más de dos horas, pensativa, sin más ocupación que observar a pequeños ratos  el desconchado recién descubierto en la pared. ¿Cuánto tiempo llevará ahí? ¿Qué lo habrá producido? Habrá sido Guille, cuando apoya la bici antes de salir con ella a la calle, o a lo mejor ha estado siempre ahí, tapado por alguna cosa de las muchas que se acumulan en un piso. Tampoco es que llevemos mucho tiempo aquí, no me conozco cada centímetro de esta casa. Y entre mirada y mirada al desconchado, lo único que me distrae la cabeza en este momento, me acuerdo de la dichosa invitación.

Los niños están a punto de llegar. La vecina del cuarto, quien los recoge del colegio a la vez que se hace cargo de los suyos, llamará a la puerta. Dos timbrazos cortos, como todos los días. Si hoy no fuera hoy, al abrirla, Guille, Samuel y Candela entrarían en la casa desganados, tirando de sus cuerpecillos cansados y, tras dejar las mochilas en mitad del salón, se derrumbarían en el sofá en el que estoy sentada, el único que tenemos, por otro lado. Pero ayer hicimos planes de merendar en la pizzería y después acercarnos con el coche a ese parque con columpios tan exóticos para ellos, los mismos en los que yo solía jugar cuando era niña y que, con buen criterio por parte del ayuntamiento, no han sido sustituidos por otros más modernos, tan extraños, que ni los niños saben qué hacer en ellos. Esto es lo que planeamos ayer, porque solo es viernes una vez a la semana. Así que hoy entrarán en la casa como potros desbocados, dejarán sus mochilas en sus cuartos para mostrarme que son buenos chicos y se plantarán frente a mí para preguntarme, impacientes, cuándo nos vamos. Por todo esto, porque no quiero ver las caras de desilusión en mis pequeños al anunciarles que no podrá ser, que tendrán que conformarse con subir a jugar con los vecinitos del cuarto mientras mamá sale a hacer un recado, hoy, precisamente hoy, una invitación no me viene bien.

«Fiesta a las 20:00 horas en Cardenal Santiesteban, 38. Música a cargo de Richard», decía el mensaje en el snapchat sobre la imagen de un paisaje rural. Peluso siempre se comunica conmigo de la misma manera, solo diez segundos para memorizar la invitación en la pantalla del teléfono. Vuelvo a pensar en mis hijos. También en sus estudios  y en las numerosas facturas. Pensar en su bienestar me reconforta cada vez que recibo una invitación, pero hoy, precisamente hoy, querría ser solo ama de casa, una madre normal y corriente, y no una asesina por encargo.

Lydia Cotallo (Frida)

Relato ganador de El Tintero Virtual, tema “Invitación”

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