La licencia de la castañera

La licencia de la castañera

Aquella mañana de noviembre, el sol era incapaz de superar los diez grados que marcaba el termómetro. Secundino salió de casa con el único interés de visitar a su hijo, que a resultas de las últimas elecciones municipales, fue elegido como alcalde. Aguardó frente a la puerta del despacho, hasta que de ella salió una mujer que al reconocerle, se le acercó y le dijo:

—Buenos días ¿qué le trae por aquí?

—Quisiera ver a mi hijo.

—Aguarde a que salga un señor que hay dentro con él.

Secundino asintió y al salir el hombre, dio unos golpecillos en la puerta que el mismo abrió, tras cerrarla, se acomodó en una butaca frente a la mesa en la que estaba su hijo,  de inmediato se interesó:

—¿Qué te trae hoy por aquí papá?

—Si dejas de ojear esos papeles te lo diré…

—Me quedan diez minutos, tengo que presidir la comisión de gobierno y después tenemos pleno ordinario, hay asuntos importantes en la orden del día.

—El mío, por ejemplo.

—Dime.

—En el centro de los jubilaos, un amiguete que vive cerca de Encarna, la castañera, me dijo ayer que no le dais licencia a la mujer para que pueda asar las castañas en la plaza de Los siete caños.

—¿Cómo le vamos a dar licencia? Lo que no puede ser, es que esa mujer inunde las terrazas de los bares con el olor que sueltan las castañas.

—Lleva poniéndose allí toda la vida. Su madre y la abuela ya las tostaban con una caldera de leña hasta que vino el carbón.

—Las cosas cambian papá.

—Mira Santiago, lo peor que le puede pasar a un comunista como yo, es tener un hijo como tú, que después de haberte dado todos los estudios posibles hayas salido de derechas. Hay cosas que no se puede cambiar, y menos en este pueblo, por muy alcalde que seas—. Dio un golpe con la gayata en el suelo, como si fuese un juez tras pronunciar su veredicto.

—Se tomó la decisión al recibir el informe por parte de los técnicos municipales —añadió su hijo—. Es la normativa vigente la que manda.

—¿Entonces para que estás tú?

—No para eso.

—Tienes mayoría absoluta.

Secundino reflexionó al no responderle, y antes de que su hijo le dejara abandonado en aquel despacho que olía a madera bruñida, insistió:

—Lo que pasa es que como Zapatero prohibió que se fumara dentro de los bares y restaurantes, vosotros habéis autorizado a que en la calle, que es de todos, se pongan las mesas para los que son fumadores.

—Papá, no insistas. Hay quejas de los vecinos.

—Si se tienen que tragar el humo del tabaco, que se trague también el de las castañas, que es mucho más sano y perjudica menos.

Santiago intentó de nuevo convencer a su padre.

—Papá, las cosas cambian, para que Encarna pueda vender castañas asadas tiene que tener el carnet de manipuladora de alimentos, un seguro de responsabilidad civil subsidiaria. Está jubilada, no puede trabajar en la vía pública. Nos debemos al ordenamiento jurídico que marca la ley.

—Tonterías y más tonterías —Secundino consultó la hora en su reloj y se dirigió a su hijo—. Asómate al balcón, te quedan diez minutos.

El alcalde así lo hizo, y al ver el cúmulo de personas que había en la plaza, regresó a donde estaba su padre que le aguardaba con una sonrisa.

—¿Qué hace tanta gente hay abajo? —preguntó su hijo.

—Para que te des cuenta de los que estamos jubilados. O le das permiso a la castañera, o te boicoteamos el pleno de hoy. Ya lo sabes.

Eso no tiene nada que ver.

El alcalde volvió a mirar por la ventana y regresó a su mesa, marcó una extensión breve en el teléfono y cuando fue atendido ordenó:

—Julián, deja lo que estés haciendo y tráeme la solicitud de la castañera, hay que aprobársela. Y a lo largo de la mañana que alguien se acerque a su casa para que se lo comuniquen —Miró atentamente a su padre—. Esta tarde la quiero ver en la plaza vendiendo castañas…

—Aunque seas de derechas —le cortó su padre mientras se levantaba con la ayuda de la gayata—, me has demostrado que tienes sangre de izquierdas.

—En fin, supongo que alguien se alegrará.

—Tu madre seguro que sí, no sabes cuánto le gustan las castañas. Yo no puedo con ellas, me dan flato.

Llorens Bustos Fernández (Llorens)

Relato ganador de El Tintero Virtual, tema “Castañas”

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