Las dos caras de la realidad

Las dos caras de la realidad

Aquella fatídica carretera se interpuso en el camino de Alfredo de la forma más cruel. Le colmó de realidad al comprobar la fragilidad en la que se cimentaba su sueño, que había resultado ser una utópica y edulcorada ilusión. Una de las curvas del trazado truncó sus planes al llevarse por delante a dos de los cuatro miembros de su familia.

Ocurrió una noche de noviembre. Ese día ni los más osados se arriesgaron a viajar, por lo que la carretera estaba prácticamente desierta. A él le pilló de camino, cuando venía de pasar el fin de semana con los padres de Eva. Nunca había visto llover de aquella manera. El agua caía a mares, como si alguien no tuviese otra cosa que hacer que lanzar cubos contra el parabrisas del automóvil. Alfredo pensó en detenerse y esperar a que amainase, pero Eva y los niños estaban muy asustados y pasar la noche dentro del coche le pareció innegociable.

La curva apareció de repente, cuando ya era imposible reaccionar. El automóvil se precipitó por una ladera escarpada, dando vueltas de campana hasta llegar al llano. En un abrir y cerrar de ojos todo quedó en silencio y sólo se oyó el crepitar de la lluvia sobre la estructura del coche.

-Buenas tardes. Soy Eva ¿Es usted Esther, la médium?
-Hola, Eva. Yo soy. Pero, por favor, tutéame.
-Este es Alfredo, mi pareja. Es bastante escéptico pero se someterá. Supongo que ya estás al corriente de todo.
-Sí, lo estoy, pero quiero advertir que es muy complicado. No quiero desanimaros al decir que es imposible, pero en estos casos no siempre se logra la comunicación. Pasad, os lo ruego.

La médium les condujo por un pasillo largo y estrecho, decorado con dibujos en toda la extensión de sus paredes. Eran motivos sumamente raros y producían escalofríos con solo mirarlos. Eva bajó la mirada para no verlos. Llegaron por fin a una estancia iluminada con luz cenital, en la que había, por único mobiliario, una mesa redonda rodeada de sillas. Esther les invitó a que se acomodasen y les ofreció de beber mientras hacía los preparativos.

Apareció vestida con una túnica amplia, de vivos colores y se sentó a la mesa con ellos. Extendió sus brazos y les animó a que se cogiesen las manos para establecer un círculo mágico.

-Bien, ahora vamos a liberar nuestras mentes y nos centraremos únicamente en las imágenes de vuestros hijos. De la capacidad que tengáis para concentraros va a depender el éxito o fracaso de la sesión. Cerrad los ojos y deseadlo con todas vuestras fuerzas.

La luz fue bajando de intensidad hasta dejar la estancia en una débil penumbra. Solo la parte central de la mesa permanecía iluminada. La tensión provocó que en la cara de Eva se formasen gotas de sudor, que fueron bajando lentamente por sus mejillas hasta acabar desintegrándose en la mesa. Mientras, Alfredo, permanecía impasible. Pasaron unos interminables minutos sin que ocurriese nada.

-¿Mamá? Una voz irrumpió bruscamente en la habitación. Parecía haber salido de la boca de Esther, aunque no era su timbre.
-¿Rita?… ¿Eres tú hija mía?… -el llanto se apoderó de Eva. ¡Dime que eres tú, hija, dímelo, por favor!
-¿Papá, mamá?… ¿Sois vosotros? No puede ser posible.
-¡Iván, Rita, hijos míos! –la voz de Alfredo comenzó a quebrarse- ¡Qué alegría oír vuestras voces!
-Papá –ahora era a Iván al que le temblaba la voz- Me dijiste que era imposible. Que todo eso del espiritismo eran estupideces de ignorantes y que no podía haber conexión entre los dos mundos. Tú mismo me lo dijiste, papá.
-Lo sé, hijo, lo sé. Pero estaba equivocado. La prueba de ello es hemos establecido esta conexión.
-No, papá. Esto no es más que una macabra pesadilla.
-Hijo, somos nosotros, de verdad ¿Acaso no nos sientes?
-Los muertos no hablan con los vivos, papá. Lo creí en su momento y no voy a dejar de hacerlo porque ahora se me quiera hacer ver lo contrario. Pero… -Iván pareció dudar- queremos que tengáis presente que os llevaremos siempre en el corazón. Descansad en paz.

Javier Reiriz Villar (ignacio)

Relato ganador de El Tintero Virtual, tema “Médiums”

 

 

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