Nunca es tarde

Nunca es tarde

El descenso por aquella escalera que se movía sola se me hacía eterno. No debió de durar más de tres minutos, pero a mí me parecieron tres días. Estaba mojada, tenía frío y miedo. Respiraba con dificultad. Lloraba. El estrés, la angustia y mantener la calma frente a los alumnos me había ayudado a sostenerme en pie, pero ahora que me sentía a salvo, me había derrumbado. Me agarraba a la escalera con todas mis fuerzas. Lloraba desconsolada y el bombero me cubría con su chaqueta, y con su cuerpo. Sentía que él me tranquilizaba. Me llamaba por mi nombre, aunque yo no le había dicho cuál era y me hablaba con más amor del que me habían dado en mucho tiempo. Temblaba y él apretaba su pecho contra mi espalda y me agarraba con fuerza. Podía notar sus músculos duros, pero no le veía la cara. Estaba de espaldas a él y la oscuridad del humo, la negrura del hollín en su piel y el casco, sólo me habían permitido distinguir dos ojos azules. Oía el bullicio que venía de abajo, pero no me atrevía a mirar. Las luces naranjas y azules de las sirenas de los bomberos, las ambulancias y la policía se reflejaban en los pocos cristales que habían quedado sin estallar y se confundían con el fuego que devoraba el edificio.

Descendíamos despacio. Sonó un estruendo y un griterío de horror. El cartel luminoso, que apenas una hora antes lucía en lo alto de la fachada del colegio, pasó por nuestro lado echando chispas. El bombero me cubrió la cabeza con el chaquetón y al colocármelo de nuevo sobre los hombros pude ver en la pechera izquierda un nombre bordado: Sargento P. Gasol.

Las imágenes recientes que tenía en mi retina del caos del incendio se mezclaron con otras mucho más lejanas. Recordé a un alumno que tuve por lo menos quince años atrás. Se llamaba como el jugador de baloncesto, Pablo Gasol. Era el peor alumno que había tenido en mis veinte años como profesora y tutora. El típico graciosillo que te revienta la clase todos los días. Desgarbado, con la camisa del uniforme por fuera, los pantalones caídos. Le daba Sociales de cuarto de secundaria. Recordé una tutoría con sus padres. Estaban desesperados y ya no sabían qué hacer con su hijo. No aprobaba nada, excepto Educación Física y ya había repetido dos veces. Las faltas de respeto hacia los profesores eran constantes. Era una pésima influencia para sus compañeros. No terminó la secundaria en este colegio. Le expulsamos antes de tener que aguantarle un año más, y nos lavamos las manos. Rara vez me había vuelto a acordar de él, y siempre pensé que habría sido carne de cañón. Ahora me abrazaba y me protegía.

—Ya falta poco señorita Luisa. A penas unos metros que tendremos que bajar nosotros. La escalera ya no se puede plegar más –dijo el bombero.

Llegamos al techo del camión. Me flaqueaban las piernas. Me giré y cuando estaba a punto de desplomarme, el sargento me cogió en brazos. Me descolgó por la parte trasera y en el suelo ya había dos sanitarios pendientes de recibirme. Me tumbaron en una camilla y me metieron en una unidad móvil del SUMMA. Estaba mareada y mientras me ponían oxígeno y me quitaban la ropa mojada yo no podía apartar los ojos del sargento que estaba bajando del camión.

—Parece que es usted la última –dijo el enfermero tranquilizándome.

El sargento se asomó.

—¿Cómo se encuentra señorita Luisa? ¿Puedo recuperar ya mi chaqueta?

Le hice un gesto para que se acercara. Me quité la máscara de oxígeno y le cogí la mano.

—Perdón y gracias –le dije.

—No me pida perdón ni me dé las gracias. Es mi deber.

—No. Perdón por no haber creído en ti cuando más falta te hacía. Por apartarte de mi camino en vez de ayudarte a reconducir el tuyo. Por no haber tenido vocación suficiente. Gracias, no solo por salvarme la vida, aunque yo pude arruinar la tuya, sino por convertirte en un hombre de provecho y callarnos la boca a todos los que te dijimos infinidad de veces que nunca llegarías a nada.

—Ande, póngase esto y descanse –me dijo colocándome el oxígeno. Me dio un beso en la frente y se marchó.

Laura Aparici (Anita Cooperman)

Relato ganador de El Tintero Virtual, tema “Escaleras”

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