Nunca llega la calma

Nunca llega la calma

La niña  se abraza al perro. Tras el temporal  Otto sólo quedan restos de  edificios cuya solidez era sólo  apariencia  y cuerpos  arrogantes que poco antes se creían invulnerables. La pareja  mira al cielo sabedora  de un desenlace inacabado. El cielo acaba por oscurecerse  con rostro de mujer  enfurecida y sonido atronador:

—¡Otto, has vuelto a tirar todas las muñecas y las casitas por el suelo! ¡Al balcón, castigado! Andreíta, la culpa es tuya por  dejarle entrar, así que ¡espabila, recoge todo este desbarajuste, que se enfría el pollo!

El labrador,  genéticamente disciplinado, se arrastra a cumplir su  confinamiento.

La niña recoge sabiendo que después de temporales como Otto nunca llega la calma, sólo el aburrimiento…Y la soledad.

Osvaldo del Valle García

Micro ganador de Gigantes de Liliput, tema “Temporal”

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