Ocurrió en el Ática

Ocurrió en el Ática

Era aquella hora del atardecer en que, apagado el calor del día, apetece pasear por la campiña. Los verdes tallos del pasto parecen forma un mar con el que la brisa juega dándole movimientos extraños, como si ocultase seres misteriosos en su fondo vegetal.

Un hombre joven, de anchas espaldas, y uno casi anciano caminan lentamente. Dirigen sus pasos hacia la próxima colina, en la que el perfil del templo se destaca contra el azul brillante del cielo. Llegan frente a las amplias escalinatas en las que, en las vísperas de los misterios, se sitúan los elegidos mientras esperan ser llamados.

El más joven ayuda con cariño al otro y le ofrece su túnica doblada para aliviar la dureza de la piedra sobre la que ambos se sientan. No tardan en llegar otros peregrinos. Para algunos, como el joven, será la primera vez. Otros ya conocen la experiencia, la epopteia. Guardan un discreto silencio o, como mucho, conversan discretamente en voz baja, susurrando.

—Maestro, aquel hombre parece llamaros.

El joven toma de la túnica a su acompañante y le señala hacia la puerta del templo. En efecto, uno de los Eumólpidos, desde allí, les hace señas.

—Ven. Te presentaré al Hierofante.

—Deméter derrame sus bendiciones sobre vosotros. ¿Es este el joven del que me hablaste?

—Lo es, Nestorio. Ha seguido desde la pasada primavera los ritos de la iniciación y está listo para los misterios.

—Pasad al templo. La pócima está lista. Este otoño está siendo muy húmedo y el pasto es inmejorable. El agua fresca y la menta harán el resto.

Pocas horas más tarde, ya de noche, sentados en una de las graderías del templo, con la única luz de unas antorchas fijadas en algunas de las columnas, se repartió el kikeón. Lo tomaron todos y comenzaron los suaves cánticos. Algo después de la media noche se abrieron sus mentes, vieron lo inefable y alcanzaron el éxtasis.

Camino de Atenas, a la mañana siguiente, volvemos a encontrar a los dos peregrinos. El más joven está entusiasmado.

—Maestro, ¡vos podríais ayudarme!

—Dudo que pueda ayudarte mucho tiempo. Sé que mi proselitismo con Euclides y Fedón, y ahora contigo, trayéndoos a Eleusis, es conocido por los que gobiernan en Atenas. De modo que veo próxima mi muerte.

—No digáis esas cosas, maestro. Os quedan muchos años de vida todavía.

—Joven Platón, escúchame. La cicuta está próxima, lo presiento. No tenemos demasiado tiempo. Eleusis te ha abierto los ojos. Has visto el mundo de las ideas y los arquetipos. Fundarás un centro donde transmitirás ese conocimiento. Le llamarás la Academia. Se te unirá un joven inquieto, inteligente y, como nosotros, deseoso de alcanzar sabiduría. Un filósofo. Se te presentará como Arsitóteles. Acógele y trabajad juntos. Auguro grandes cosas de ambos.

—Si se os acusa de algo yo os defenderé, maestro. Prepararé una Apología y por fuerza os tendrán que absolver.

—Sé que lo harás, Platón. Pero insisto. Funda la academia, trabaja con Aristóteles y, sobre todo, no cometas el error de tu maestro: escribe, deja constancia de tus ideas por escrito.

—Tened por seguro que lo haré, maestro. Llevo en mente alguna cosa… le llamaré “los diálogos”.

—Me parece excelente… Cuidado, creo que viene a por mí.

Pocos días después el anciano era conducido frente al tribunal. La exaltada defensa que hizo Platón, aquel joven de anchas espaldas, llena de cariño y admiración, llegó al corazón de la mayoría de sus miembros. Pero había personajes poderosos que le tenían gran inquina al sabio Sócrates. De modo que se le ordenó ingerir la cicuta. En sus últimas horas estuvo acompañado de sus discípulos, y cuando llegó el momento en que vio próximo el final, tomó la mano de Critias y la de Platón, y dirigiéndose a este último le dijo:

—Critias me habló de un reino misterioso más allá de las Columnas de Hércules. Sentaos un día y dialogad sobre ese reino. Estoy seguro que con el paso de los siglos la Misteriosa Atlantis encenderá las llamas de la imaginación de grandes artistas y se alzará como uno de los más hermosos mitos de la humanidad…

Josep Piqueras (JPiqueras)

Relato ganador de El Tintero Virtual, tema “filósofos”

Entradas relacionadas

Tú no sabes lo que es

Tú no sabes lo que es

El violinista

El violinista

Otra Margarita

Otra Margarita

Monólogo

Monólogo

Publicar un comentario

Tu email no será publicado. Campos obligatorios

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>