Paracelso

Paracelso

—Siempre creí que eso de la piedra filosofal de los alquimistas era una tontería.
—Te digo que no lo es. Además, estoy a un paso de conseguirla.
—¿No la tienes, pues?
—Me falta un ingrediente.
—¿Cuál ese ingrediente?
—Uno muy especial… comprende que no puedo desvelarte mis secretos.
—Lo comprendo, lo comprendo. Pero si no me vas a contar lo que llevas entre manos, ¿para qué me has llamado?
—Te he llamado porque necesito tu ayuda.
—No puedo ayudarte sino me cuentas lo que necesitas.
—Puedes ayudarme… pero antes cenemos, amigo mío.
—Como gustes.

Los dos amigos pasaron al pequeño comedor situado al fondo de la cabaña. La mesa estaba servida, y sobre ella una fuente con un par de becadas guisadas acompañadas de patatas y coliflor. Sobre los platos, dos boles humeantes de sabrosa sopa de cebolla. A un lado una fuente de fruta. Y junto a ella una jarra de agua y una de vino.

Acabada la cena, el anfitrión se puso en pie.

—¿Has cenado a gusto?
—Todo estaba muy bueno. Me gusta mucho el mango. Y el vino era excelente.
—Pues pasa, por favor, a la salita y ponte cómodo. Voy a preparar el café.

El huésped pasó a la parte frontal de la vieja cabaña, dispuesta como una confortable biblioteca y salita de lectura, y se sentó en uno de los dos confortables sillones situados junto al hogar donde los restos de un grueso tronco caldeaban agradablemente el ambiente. Estaban a mediados de febrero, y la temperatura bajaría mucho aquella noche.

Sacó su pipa y la cargó. Tomó una pequeña brasa del hogar con una pinza, la acercó a la cazoleta y dio un par de bocanadas. Muy pronto el dulce humo de su tabaco holandés comenzó a perfumar la estancia.

Frente a él, en unas sólidas estantería de leño, numerosos libros se alineaban con cierto desorden. En un extremo, algo apartado de los demás, apenas visible con la débil luz del quinqué situado en la mesita, le pareció ver un viejo libro. Si su memoria no fallaba, era la primera vez que lo veía. Picada su curiosidad se levantó y tomó la luz, acercándola al lomo del libro, en el que pudo leer lo siguiente:

«Philippus Aureolus Theophrastus. Der Stein der Weisen und andere Verträge Alchemisten»

«¡Paracelso!», pensó, «He visto más de una vez reimpresiones y traducciones de sus obras, pero… ¡Este libro es antiguo, muy antiguo! ¿Será posible qué…?»

Con cuidado tomó el viejo volumen y lo puso sobre la mesita. De entre sus hojas salía un punto de libro, una alargada cartulina de color lila. Lo abrió por las páginas así señaladas y ante su vista aparecieron una serie de instrucciones y una lista de ingredientes.

—¡Qué curioso! Huevos de lamprea del Danubio. Y esto… ¡es increible! Agua de tronco podrido de cementerio tomada en noche de luna nueva. ¡Qué sarta de tonterias! Latex de Euforbia, arena del desierto de Túnez, raíz de mandrágora… Pero… ¡esto no es posible! Aquí dice…
—Vaya, veo que lo has visto. Da igual. De todos modos hemos de acabar con esto. Sabes lo que necesito y lo voy a conseguir hagas lo que hagas.
—¡Estás loco! ¿No creerás en serio lo que dice ese libro? ¿No lo crees, verdad?
—Cuando me des el último ingrediente tendré un elixir que me permitirá cambiar el vulgar hierro o el plomo por valioso oro. De modo que prepárate…
—¡No!
—Pensaba tomarla cuando hiciese efecto el anestésico que puse en el vino… por si ocurría, como veo que ha ocurrido, que no accedieses de buen principio. Siéntate, relájate, en unos minutos estarás profundamente dormido.
—¡Loco! ¡Por Dios, no lo hagas!
—Tranquilo. Serás mi socio. Con el oro que produciremos podrás comprarte una prótesis biónica excelente. ¿Y sabes lo mejor? ¡Con cinco dedos!

Algún tiempo más tarde los dos amigos cenaban de nuevo, esta vez en un salón del restaurante Maxim’s de Paris.
El amigo del alquimista mantenía un habano encendido con su mano derecha, una prótesis de última generación que le había implantado el Dr.Schwartz, máxima autoridad mundial en ingenios biónicos como aquel.

—¿De modo que ese era el ingrediente secreto?
—En efecto, la mano derecha de un polidáctilo.

Josep Piqueras (JPiqueras)

Relato ganador de El Tintero Virtual, tema “Oro”

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