Sin noticias de ella

Sin noticias de ella

La conocí en un foro de internet sobre ciencia ficción. Nuestra primera cita en aquel restaurante vegetariano, con la luz tamizada por las velas y el adagio de Barber  de  fondo, versó sobre alienígenas y zombis.

Rebeca me hablaba con cierto aire de superioridad desde detrás de unas gafas de pasta negra que le conferían un aspecto de erudita en la materia. Yo la miraba  embelesado, tratando de averiguar el matiz de la  luz reflejada por los ojos. De vez en cuando,  paraba de hablar y degustaba su tempeh de garbanzos, marinado en salsa de remolacha.

Me hablaba de zombis apasionadamente; de sus orígenes, de las almas errantes sin cuerpo y de los cuerpos desorientados sin alma, mientras un hilo de salsa de remolacha caía lentamente por la comisura de los labios, como si fuera un pequeño reguero de sangre violácea.

—Existen individuos a los que envenenan y entierran vivos. Después los desentierran y les roban el alma —decía limpiándose el hilillo de salsa.

A mí no me atraía demasiado el asunto de los zombis; estaba mucho más interesado en la luz que emitían sus ojos. En ocasiones, ese reflejo en determinadas condiciones de iluminación, puede desenmascarar, casi sin dudas,  a un replicante; pero a pesar de que escruté su mirada desde diferentes ángulos, no conseguí  descubrir ese haz amarillo-anaranjado que estaba buscando.

Rebeca siguió hablando de zombis incluso en los postres, mientras daba cuenta, con cierta parsimonia, de su panna cotta con forma de ojo; un iris de kiwi sobre esclerótica de yogur.

Salimos del restaurante cogidos de la mano y me invitó a una copa en su casa; acepté sin titubeos. Al abrir la puerta de su apartamento, salió un perro negro a recibirla. Sus ladridos huecos y metálicos, y los ojos inexpresivos, me hicieron sospechar inmediatamente que podría tratarse de un perro electrónico. Todo empezaba a encajar. Me sirvió un gin-tonic y nos acomodamos en el salón. Después sugirió ver un capítulo de la serie The walking dead. Le dije que prefería ver una película de culto, como Blade runner, para ver su reacción.

—Un referente, pero ya algo desfasada, ¿no crees?  —me dijo con cierto desdén.

Me acerqué a ella y recorrí su muslo con el dedo índice.  Sentí cómo su cuerpo se tensaba, como si fuera la piel de un tambor. Me llevó a su habitación. Allí se desnudó lentamente, descubriendo su silueta ante la débil luz emitida por una lámpara japonesa. Tenía unas curvas perfectas, un  cuerpo de ensueño. Entre sus escápulas, pude distinguir lo que parecía un tatuaje de un saltamontes o quizá de una mantis religiosa. No había duda de que si era una replicante, se trataba de una Nexus 6, la réplica humana más perfecta creada jamás. Besé su ombligo, sus pechos, sus axilas, buscando una hendidura, un trozo de piel arrugada, un intersticio que pudiera esconder una prueba evidente de su origen alienígena; pero no pude apreciar nada más que el tacto de su piel suave y tersa, ligeramente erizada por el roce de mis labios. Fue entonces cuando apagó la luz.

Hicimos el amor  y fingí el mejor orgasmo que pude. Encendió la pequeña lámpara de mesa y a la vez que enredaba mi pelo con sus dedos, me besó, me miró a los ojos y me dijo que me amaba.  Me quedé perplejo, inmóvil y desvié la mirada. De sus ojos verdes y cristalinos, brotaron un par de lágrimas. Fue en ese momento cuando supe con certeza que Rebeca era humana, que tenía sentimientos.  Decepcionado, me vestí con premura, le di un beso en los labios y me despedí.

Cuando llegué al hotel,  estaba sin energías, exhausto. Entré al baño y me miré al espejo. La intensidad de luz de los halógenos, hacía que los ojos reflejaran un haz amarillo-anaranjado.

Me conecté al cargador y mientras recuperaba energías,  escribí el informe:

—Lamentablemente, la misión ha vuelto a fracasar. Todo parecía indicar que estábamos en el buen camino para atrapar y «retirar» a la replicante díscola. Sin embargo, la pista resultó ser falsa.

A esta hora, seguimos sin noticias de ella.

Miguel Paez Marco (Mikywrite)

Relato ganador de El Tintero Virtual, tema “Sin noticias de…”

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