Relato breve

Agua de rosas

Agua de rosas

Casi sin darme cuenta me vi entre las carnes abundantes de aquella mujer de aspecto extraño, tan distinto al de mi madre, al de mis hermanas, al de mis primas, y hasta distinto al de las doncellas que se ocupan de mis necesidades. Debe ser mi insaciable curiosidad sobre lo que ocurre fuera de estos muros lo que, algunas noches, me llevó a montar a Cristal a través del páramo para llegar hasta la t... »

Profesional

Profesional

Melisa eligió a un tipo de lo más normal; no descartaría ningún cliente a esas horas de un domingo, un día de poco meneo y con la renta del cuchitril a punto de vencer. Por cien pavos le haría lo que fuera, a fin de cuentas no era un sesentón baboso de gustos extravagantes, sino un hombre corriente. —Hola, guapo —dijo Melisa. Él giró la cabeza despacio y se demoró en una mirada que la escaneó de a... »

El niño del molino

El niño del molino

Desde que comenzó el verano, algunas tardes me acerco con mi hijo a un remanso de un viejo molino en el Río Tambre. Al lugar le llaman la Playa de Tapia. Es muy visitado por bañistas, pescadores y familias que pasan allí sus ratos de ocio; está bien equipado, con todas las comodidades de una zona de recreo. En el aparcamiento hay un hombre que pide y un niño sentado en el suelo junto a su padre; a... »

Cuestión de pelotas

Cuestión de pelotas

El oficial de policía Martínez, encargado de la sección de trámites del DNI, se atusó el escaso cabello de la nuca lleno de estupor. En treinta años de servicio nunca había tenido que lidiar con una situación tan embarazosa como la que aquella joven le presentaba. —¿Y cuál dice que es su nombre? —preguntó otra vez. —Úrsula, ya se lo he dicho un montón de veces, jefe —La chica del mentón de héroe d... »

El paraíso perdido

El paraíso perdido

Sem entró en la sala con el aguijón del frío de las losas en sus pies descalzos. La luz intensa, molesta en sus ojos habituados a la penumbra, le obligó a mantener la mirada baja. Sobre el estrado ante él, se materializó un avatar del Interventor Supremo, la inteligencia artificial alojada en el superordenador que todo lo gobernaba y a cuyos ojos cibernéticos nada podía esconderse. —Poesía, artícu... »

Luna llena

Luna llena

La tarde de trabajo había sido larga en el taller de ebanistería. A veces ocurre, que la luz de las tardes de verano se prolonga interminablemente, sobre todo en junio, recreándose hasta el agotamiento. José  se movía alrededor de la sierra grande con los brazos llenos de serrín, ensimismado en su quehacer. Ya no era solo el serrín en los brazos y en la cara, sino además, en  sus desgastados vaque... »

Primera y última crisis de Rafaelillo

Primera y última crisis de Rafaelillo

Rafaelillo nunca se dio cuenta de que había rebasado la cumbre y ahora bajaba por la ladera opuesta. Desde que quedó huérfano su vida poco a poco se fue aislando de la corriente mayoritaria. No era consciente del paso del tiempo. Tal vez no experimentó el envejecimiento porque nunca fue niño, ni joven, ni adulto. Su vida transcurría en un aislamiento social de tal calibre que las corrientes, las n... »

Hoy, precisamente hoy

Hoy, precisamente hoy

No todos los días se sienta una en el sofá durante más de dos horas, pensativa, sin más ocupación que observar a pequeños ratos  el desconchado recién descubierto en la pared. ¿Cuánto tiempo llevará ahí? ¿Qué lo habrá producido? Habrá sido Guille, cuando apoya la bici antes de salir con ella a la calle, o a lo mejor ha estado siempre ahí, tapado por alguna cosa de las muchas que se acumulan en un ... »

En El Retiro

En El Retiro

Ya me había alejado de toda actividad laboral. Me dedicaba a pasear y a leer el periódico plácidamente al sol. Vivía tranquilo, disfrutando, como siempre había hecho, de la naturaleza, pero ahora jubilado y achacoso. No contaba con que sería, precisamente, leyendo una noticia, como mi paz se vería alterada para los siguientes meses, o quizás años. El Ayuntamiento anunciaba que iban a comenzar los ... »

Sin palabras

Sin palabras

La tomó de la mano y la llevó hasta el borde de la cama donde la hizo sentar. Cuando volvió hacia él sus ojos de mirada perpleja, antes de que preguntase nada, le dijo: —Sí, soy yo, y comenzó a deslizar los dedos entre su pelo en una caricia que sabía que la tranquilizaba. Ella cerró los ojos y se quedó muy quieta. Tal vez fuese aquel mimo lo único que le quedaba de los recuerdos abandonados a sab... »

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