Un mítico sereno

Un mítico sereno

Sonó el pito y corrí todo lo que mis piernas daban de sí. Eran pocas las veces que se escuchaba en las noches, pero su sonido alertaba a todo el asentamiento. Debajo de los cubículos de hibernación, los colonos se arrebujaban, esperando que el peligro pasara de largo.

Después de una carrera infernal, llegué a un portón abierto de par en par. Me asomé al interior con el arma en la mano, una pistola de plasma. No vi nada. Evitando el menor ruido, entré en aquella cripta. A pesar de que la noche tenía una claridad inusual, debido a la proximidad de las dos enormes lunas que confluían cada cuatro años planetarios, aquel sitio parecía las fauces de un dibestrux , dispuestas a cerrarse sobre mí con sus sesenta filas de dientes y engullirme sin ni siquiera pensarlo. Pero no era a eso a lo que temía.

Me llevé la temblorosa mano al bolsillo y saqué un mechero de carburante fósil, que ahora funcionaba con bioetanol. Una reliquia que adquirí en una subasta de antigüedades traídas desde la Tierra y otros planetas. Después de varios intentos, debido a que el sudor mojaba la rueda dentada, por fin se encendió.

Me coloqué en el centro del pabellón y fui girando con la luz en alto y la pistola apuntando hacia la oscuridad. Ningún viviente parecía haber pasado por allí, aunque no podría jurar lo mismo si hablaba de un no viviente, el que estaba buscando. Mi instinto me decía que se encontraba cerca, escondido entre las sombras, y que su víctima no tendría salvación a menos que actuara. Se oyó otro estridente pitido y el enorme protozoario, con multitud de cerdas venenosas y una boca con forma de garra, saltó quedándose dentro del círculo de luz. Apunté el arma y disparé. Todo aquel ser quedo disuelto en un montón de viscosos pedazos. Los inquilinos tendrían trabajo cuando se levantaran para limpiar toda aquella porquería. Aquellos monstruos ya habitaban el subsuelo del planeta cuando decidimos poblarlo. Eran antropófagos, pero algunos habían probado la carne de los de mi especie y subían a la superficie de vez en cuando a cambiar de menú.

Oí el roce de algo deslizándose sobre la fría piedra hacia la salida. Alumbré el lugar. Era él.

Aquella extraña criatura llevaba cuidando del sueño de la colonia desde que apareció hacía ya veinte lustros. No sabían de dónde procedía, creían que del planeta Tierra; un dios mitológico que había sobrevivido después de la gran huída, y habría venido de polizón en alguna nave que aterrizara allí en busca de tesoros. Solo se sabía que durante las noches rondaba y tocaba un instrumento con un estridente sonido, cada vez que había un peligro. Los blogueros encargados de las noticias le habían bautizado con el nombre de El Sereno. Según los eruditos, una leyenda de la lejana Tierra, hablaba sobre unos individuos formidables que vigilaban las ciudades para que sus habitantes durmieran tranquilos. Ellos tocaban el pito cuando existía alguna situación de riesgo alertando a las autoridades, y la mayor parte de las veces, haciendo huir a los malhechores con su sola presencia.

Existía, era cierto. Él y yo nos habíamos enfrentado a amenazas de toda índole en mis noches de ronda pero nunca le había visto, hasta ese momento. Se quedó mirando la luz de mi mechero y pude observarle. Tenía la apariencia de un anciano. Vestía una desgastada prenda gris que le cubría hasta las pantorrillas, adornada con una doble hilera de pedacitos redondeados de metal dorado. Sobre la cabeza un gorro plano con un saliente sobre los ojos. Empuñaba un palo en una mano sujeto a la muñeca por un trozo de cuero, y entre los labios aquel instrumento mítico, que llamaban pito.

—Es un Zippo. Tuve uno hace mucho tiempo —el sonido fue suave y me pareció oír un suspiro. Después, desapareció en la noche.

Fue la única vez que le vi, aunque el sonido de su pito me ha acompañado durante mis rondas. Ya me he jubilado como guarda nocturno, pero sé que puedo hibernar tranquilo porque el sereno alertará a los vigilantes de cualquier peligro.

María Dolores Jiménez García (Mariló)

Relato ganador de El Tintero Virtual, tema “El pito del sereno”

Entradas relacionadas

Tú no sabes lo que es

Tú no sabes lo que es

El violinista

El violinista

Otra Margarita

Otra Margarita

Monólogo

Monólogo

Publicar un comentario

Tu email no será publicado. Campos obligatorios

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>